30 noviembre, 2017

Una historia de demonios: el «Shabrang-nāmeh»

Desde el inicio de lo que podemos considerar la literatura clásica en Persia, los demonios o dīvs han estado presentes en sus historias, con especial relevancia en los textos épicos que recogen las hazañas de los grandes héroes y reyes de Irán. Estos personajes, normalmente grotescos, salvajes y temibles, han pasado a formar parte del imaginario cultural de Irán y de su folklore, convirtiéndose en una parte fundamental de su pasado literario. Su importancia puede encontrarse desde el mismo principio de la literatura en persa moderno, ya que tenemos varias historias sobre los dīvs y sus constantes intentos de conducir al ser humano a la perdición.
Pero no solo es en los textos donde esta preeminencia se hace notable, sino que la iconografía es también abundante en cuanto a los dīvs. Con unas características físicas establecidas y reconocibles, también en las imágenes estos monstruos son protagonistas. Tal y como nos cuenta Francesca Leoni, los pasajes en los que los héroes se enfrentaban a los dīvs gozaban de una enorme popularidad entre los ilustradores, pudiendo encontrar un elevado porcentaje de escenas en los manuscritos que se conservan[1].
En este artículo hablaremos de uno de los que tiene nombre e historia propia, Shabrang, que no es especialmente conocido, pero desde luego es digno de reconocimiento.

¿Quiénes son los dīvs?
            Los dīvs son los monstruos por excelencia dentro de la literatura persa medieval. Se pueden traducir por “demonios”, pero también hacen referencia a “ogros”, “gigantes”, a veces “fantasmas” e incluso la palabra se emplea como sinónimo de Satanás, Iblīs en la tradición árabe y transmitido al persa[2]. Los dīvs representan la antítesis de los seres humanos, como cualquier otra criatura fruto de la oscuridad, y adquieren formas grotescas para hacer visibles los terrores más profundos. En la iconografía medieval, especialmente a partir del siglo XIII, suelen aparecer con una mezcla de rasgos animales y humanos, generalmente cubiertos de pelo y con colmillos y garras de gran tamaño. Se les exageran los atributos sexuales y se les añaden cuernos, colas y pezuñas. Y esto no es exclusivo de las ilustraciones, sino que los textos también enfatizan la diferencia, tanto física como espiritual, cuando estas criaturas aparecen.
            Aunque, como escribe Laurie Pierce, en el caso del Shāh-nāmeh esta dualidad se difumina a lo largo del relato, siendo los primeros dīvs radicalmente opuestos a los protagonistas para ir mezclándose poco a poco con los humanos, haciendo referencia a que los peligros no tienen siempre una forma reconocible, y que el mal puede adoptar muchas formas[3].
A pesar de que la tendencia general es presentar a los dīvs como criaturas simples, brutas y con poca inteligencia, esclavos de su propia ceguera y de sus deseos más primarios, existen algunos personajes diferenciados en los que el poema se detiene, haciendo hincapié en su brillante inteligencia y dignificándolos como rivales de los protagonistas —el caso más importante es el de Dīv-e Sepid, “el Demonio Blanco”, del que hablaremos más adelante en el artículo—.

"Hushang matando al Div Negro", Shiraz, s. XV. Arthur M. Sackley Gallery, Washington.


¿Quén es el Shabrang-nāmeh?
Se conoce como Shabrang-nāmeh —literalmente, “el libro de Shabrang” — a una historia épica atribuida a un hombre llamado Azadsarv, un erudito del entorno de Ahmad ibn Sahl (muerto H. 307/920[4]), uno de los gobernadores de Marv. Aunque la historia se introduzca entre el final de un pasaje del Shah-nāmeh y el inicio del siguiente, no formaba parte del poema épico, sino que se trata de una creación posterior.

El manuscrito de la Leiden University Library
            Existe otro manuscrito titulado Shabrang-nāmeh que actualmente se conserva en la Leiden University Library, y que es interesante porque no se trata de un fragmento de una obra mayor, sino de una historia concebida desde el principio como independiente. Tiene 257 páginas, lo que equivale a unos 127 folios, y fue copiado por ‘Abd-Allah ibn Salih el 5 del mes Safar[5], aunque no se menciona de qué año. En los informes redactados por su dueño, del que hablaremos enseguida, se menciona el H.1062/1625, pero es posible que sea más antiguo[6].
            Este manuscrito no cuenta exactamente la historia de Shabrang, sino la de Rostam y su hijo Farāmaz en Māzandarān y en India. El div aparece en el poema, y en opinión de De Jong[7], esta fue la razón de titularlo Shabrang-nāmeh. Lo interesante del libro es que se conserva el nombre de su propietario y la fecha en que lo adquirió escritas en las primeras páginas: “Joannes Willmet, 1790”.
            Joannes Willmet nació en Amsterdam en 1750, y fue un vicario muy aficionado a la historia, la cultura y el arte orientales. Era profesor de la Universidad de Harderwijk y la Universidad de Amsterdam, donde enseñó hasta su muerte en 1835. Este personaje es importante, ya que llegó a reunir la segunda colección de manuscritos orientales más grande de toda Holanda. Esta colección pertenece ahora a la Royal Academy of Arts and Sciences de Amsterdam, pero se encuentra en préstamo permanente en la University Library of Leiden. Willmet obtuvo el manuscrito en una subasta de bienes que habían pertenecido a su maestro y profesor, en una venta realizada en 1780 —que es la fecha que aparece escrita junto a su firma en la obra[8].
            Este Shabrang-nāmeh está escrito en nasta’liq, con el texto organizado en dos columnas. Su título dice exactamente: Aghaz-i dastan-i Shabrang va div-i Māzandarān, “El principio de la historia de Shabrang y los dīvs de Māzandarān[9]. La historia comienza con el final de la guerra en Māzandarān, de la que vamos a hablaros un poco antes de pasar a la historia de Shabrang.

La guerra en Māzandarān dentro del Shāh-nāmeh
            El conflicto con Māzandarān, la tierra dominada por los dīvs, comienza cuando Kay Kāvus, el shāh de Irán, decide iniciar una campaña militar contra este territorio, desoyendo los consejos de Zāl, quien le había advertido que la guerra no tendría sino consecuencias fatales —para los que no conozcáis a Zāl, el Príncipe Blanco e hijo adoptivo del ave Simurgh, podéis leer un poco más sobre él haciendo click aquí—. De acuerdo a las premoniciones del pahlavan[10] albino, Kay Kāvus fue capturado y cegado por el terrible líder de los demonios, una criatura de extraordinaria inteligencia llamada Dīv-e Sepid, “el Demonio Blanco”.

"Div-e Sepid y Kay Kavus", Qazvin, s. XVI, Freer Gallery of Art, Washington. 

            Dentro de sus Haft Khan o siete trabajos, Rostam, el héroe por excelencia dentro del Shāh-nāmeh tenía que cumplir su quinta, sexta y séptima tarea interviniendo justamente en este conflicto en Māzandarān. Primero tuvo que enfrentarse a Aulad, uno de los campeones al servicio de Dīv-e Sepid. Lo capturó atrapándolo con una cuerda igual que a un caballo, por el cuello, y entonces él se ofreció a ayudar a Rostam con su tarea a cambio de que el pahlavan le perdonase la vida. Fue precisamente gracias a la asistencia de Aulad, que le describió todos los pasadizos, las rutas montañosas y los atajos para llegar hasta el Demonio Blanco, por lo que Rostam consiguió avanzar tan deprisa en la tierra encantada de Māzandarān.  
Después mató a Arzhang, el general de los ejércitos de Dīv-e Sepid. Por último, se enfrentó al propio Demonio Blanco, en una de las escenas más representadas en las ilustraciones medievales y modernas de la pintura persa.

"Rostam mata a Div-e Sepid", India, s. XVII. Los Angeles County Museum of Art

            Cuando Rostam mató al dīv, le cortó el vientre para arrancarle el hígado y, con sus fluidos, devolvió la vista a Kay Kāvus y lo liberó. Los ejércitos que comandaba Rostam expelieron a los demonios de la zona, haciéndolos retroceder hasta las montañas, donde se refugiaron para nunca volver a aparecer. Como habían acordado, al marcharse de allí el gobierno de Māzandarān fue entregado a Aulad como pago por su ayuda en la derrota de Dīv-e Sepid.
            Esto es lo que cuenta el Shah-nameh sobre el conflicto de Māzandarān, y es justamente con la partida de Rostam y Kay Kāvus cuando empieza el Shabrang-nameh.

La historia de Shabrang, “el demonio negro”
            Si sois lectores de Las plumas de Simurgh desde hace tiempo, quizá desde el principio os haya resultado familiar el nombre de “Shabrang”. Y es que este dīv no es el único personaje del Shah-nameh que se llama así; Shabrang, que quiere decir “del color de la noche”, es también el caballo de Siyavash, otro de los héroes del poema. Podéis leer más sobre este y otros jinetes y caballos famosos que aparecen en este relato épico haciendo click aquí.
            La historia del div negro como la noche empieza un poco antes de él, con su madre, Mahyār. Esta era una mujer del harén privado de Dīv-e Sepid que estaba emparentada con la familia real de Māzandarān. Cuando Rostam mató al demonio, estaba embarazada de siete meses. Se escapó de Aulad a través de una cueva escondida en las montañas, y se escondió en algún lugar de la ciudad, donde dos meses después dio a luz. La criatura era “tan oscuro como las aguas del Nilo”, cubierto de pelo negro de apariencia espinosa, y tenía dos colmillos como de elefante que sobresalían de sus labios. Aulad, nuevo gobernante de Māzandarān, intentó capturar al recién nacido y a su madre, pero no tuvo éxito. Mahyār huyó a las montañas, donde crio sola a su hijo, al abrigo de lo sobrenatural y las fuerzas demoníacas que también vivían allí.
            El poema nos cuenta que Shabrang se desarrollaba a una velocidad increíble, y que después de un año ya estaba perfectamente formado. Diez años más tarde, era “tan grande como las montañas del Alburz”. Siendo perfectamente consciente de que su aspecto estaba lejos de ser humano, Shabrang le preguntó a su madre por su padre, y ella le contó la historia de cómo él y los demás dīvs habían sido aniquilados por Rostam y su ejército. Furioso, Shabrang decidió vengarse, a pesar de que su madre le advirtió que este pahlavan es imposible de vencer. El dīv regresó a Māzandarān, dispuesto a cumplir con su promesa.

Provincia de Mazandaran, Irán. Via:  http://hostelsiniran.com/

Una vez en la ciudad, Shabrang empezó a preguntar por Rostam y por el rey de Māzandarān, y todo el mundo le respondía alabándolos a los dos. Esto aumentó la ira del div, que reveló su identidad y advirtió a la ciudad de cuáles eran sus intenciones. Cómo pasó desapercibido hasta el momento, la verdad es que no lo sabemos. Mientras tanto, Aulad, que sabía que Shabrang estaba en la ciudad, envió emisarios en más de una ocasión, pero el dīv no tenía ninguna intención de negociar. Mató a varios de sus campeones, hasta que finalmente Aulad se enfrentó a él personalmente. El poema nos cuenta que Shabrang le partió la cabeza por la mitad.
            Los habitantes de Māzandarān proclamaron a Mahyār la nueva reina, recordando que estaba emparentada con los anteriores reyes Kayaníes y que, por lo tanto, poseía el farr, la Gloria que otorga el derecho a gobernar. Shabrang se convirtió en el comandante de sus ejércitos, donde se incluyeron al mismo tiempo seres humanos y dīvs. Seis meses después, Mahyār y su hijo habían preparado un ejército lo suficientemente poderoso como para marchar sobre Irán y vengarse definitivamente de Kay Kāvus y de Rostam.
Sin embargo, Zanga, el hijo mayor de Aulad, había conseguido huir para advertir al rey y al pahlavan de lo que el dīv se proponía. Rostam, alegando que ya había purgado Māzandarān de demonios una vez, se puso en camino, acompañado de otro campeón, Bizhan, y de su propio hijo, Farāmarz. Los dos ejércitos se encontraron finalmente, y pese a los esfuerzos de Shabrang, no consiguió vencer a Rostam. Sin embargo, el pahlavan tampoco logró matar al dīv. En un último intento desesperado, Shabrang le pidió ayuda a Farasan, otro dīv que vivía en las montañas, para una última batalla a las puertas de Ctesifonte (Tsifun en el poema). Se sucedió una serie de batallas fantásticas, con la intervención de magos y fuerzas sobrenaturales, pero finalmente Shabrang terminó huyendo.
Rostam y Farāmarz intentaron llegar a un acuerdo con Mahyār, la reina de Māzandarān, pero ella les tendió una trampa y los atacó por sorpresa. Sin embargo, padre e hijo consiguieron vencerla y la enviaron a la corte de Kay Kāvus, donde Bahrām, el hijo de Gudarz (otro pahlavan), se enamoró de ella. Rostam y el shāh accedieron a entregarle a la mujer a Bahrām, y la historia se termina con la celebración del banquete nupcial.
¿Y Shabrang? Nada se sabe de este dīv después de que desaparezca de la batalla mientras se estaba enfrentando a Farāmarz. Ninguno de los manuscritos parece recordar que esta criatura si quiera existía. Hasta que se descubran nuevos fragmentos, el destino de este dīv “del color de la noche” seguirá siendo un misterio para todos los que alguna vez escucharon su historia.  

BIBLIOGRAFÍA
BERG, Gabrielle van der: «Demons in the Persian Epic Cycle: the Div Shabrang in the Leiden Shabrangnama and in Shahnama manuscripts», in: Shahnama studies II, the reception of Firdausi's Shahnama, edited by Charles Melville, Gabrielle van den Berg., Boston, Mass.: Brill, 2012, pp. 35-47.
DAVIS, Dick (trad.): The Shahnameh: The Persian Book of Kings. Londres, Penguin Books Classics, 2007.
DAVIS, Dick: Epic and sedition: The case of Ferdowsi’s Shannameh. Washintong D.C., Mage Publishers, 2006.
DE JONG, Pieter: Catalogus codicum orientalium Bibliothecae Academiae regiae sctertfiarum, Leiden, 1862. Available online: https://archive.org/details/DeJongCatalogusCodicumOrientaliumBibliothecaeAcademiaeRegiaeScientiarum
LEONI, Francesca: «Picturing Evil: Images of Divs and the Reception of the Shahnama», Francesca Leoni in: Shahnama studies II, the reception of Firdausi's Shahnama, edited by Charles Melville, Gabrielle van den Berg., Boston, Mass.: Brill, 2012, pp. 101-118.
PIERCE, Laurie: «Serpents and Sorcery: Humanity, Gender, and the Demonic in Ferdowsi's Shahnameh», in: Iranian Studies, 48:3, 2015, pp. 349-367. Available online: https://doi.org/10.1080/00210862.2014.1000629
OMIDSALAR, Mahmoud: «Dīv», Encyclopædia Iranica. vol. VII, fasc. 4, New York, Routledge & Kegan Paul, 1995, pp. 428-431. Available online: http://www.iranicaonline.org/articles/div






[1] LEONI, Francesca (2012), p. 102.
[2] OMIDSALAR, Mahmoud (1995), p. 428.
[3] PIERCE, Laurie (2015), p. 350.
[4] Sobre la fecha, el año que aparece en primer lugar corresponde al año según la Hégira (H.), y a su lado la correspondencia según la datación gregoriana.
[5] “Safar” (صفر) es una palabra en árabe que significa “vacío”, pero también “silbido del viento”. Cuando se asignó este nombre a los meses, a la hora de crear el calendario islámico, es posible que se estuviese haciendo referencia a una climatología ventosa, característica del otoño. Si nos basamos en la información proporcionada por el calendario de Umm al-Qura, Safar podría referirse a algún momento entre septiembre y noviembre. Esto se debe a que el calendario islámico es lunar; por lo tanto, tiene 11-12 días menos que el calendario solar, y por eso los meses van desplazándose en comparación con los utilizados normalmente.
[6] BERG, Gabrielle (2012), p. 38.
[7] DE JONG, Pieter: Catalogus codicum orientalium Bibliothecae Academiae regiae sctertfiarum, Leiden, 1862.
[8] BERG, Gabrielle van der (2012), p. 39.
[9] Ibídem.
[10] Pahlavan (پهلوان) es una palabra en persa que designa a un campeón, un héroe o un comandante del ejército. Hace referencia a una constitución física imponente, así como a una capacidad intelectual superior.